Lo importante es que la gente trabaje – dice un vecino de Villa Hidalgo.
¿Saben que pienso? Que dicho de esa forma tiene razón. Pero tiene razón siempre y cuando se entienda que es “trabajo”.
Como siempre recurro nuevamente a mi Pequeño Diccionario Escolar Estrada para sacarme una duda (diccionario que usamos en nuestras escuelas y al que todos tenemos acceso). Trabajar, según mi mataburros, significa: “Emplear el esfuerzo físico o mental para un fin determinado.”
Bien.
¿Cuál será ese fin determinado?
En el barrio, y sin exagerar, la mitad de los vecinos y vecinas trabajan juntando y vendiendo lo que otros tiran: plástico, cartón, metales varios, papel, etc. Estos trabajadores trabajan para ellos mismos, por decirlo de alguna manera. Manejan sus horarios y sus limitaciones en la medida de lo que pueden. Ganan según el esfuerzo que hagan y, hay que decirlo, de la suerte que tengan en encontrar cosas de valor. Pero lo rescatable de esta descripción es que no trabajan para un patrón. Todo lo que les da la venta de lo juntado es para el trabajador.
La otra vez, mientras hacíamos el piso en el Centro Comunitario, hablábamos con unos pibitos de apenas doce años que nos estaban ayudando y ellos nos contaban que lo que ganaban iba para el morfi en la casa y si salían de a dos se repartía en partes iguales.
50 y 50.
Doce años.
Todo lo que tienen para aprender los grandes capitalistas.
Volvamos a la definición y a la pregunta: ¿Cuál será ese fin determinado?
El fin específico en estos pibitos y en estos trabajadores adultos que laburan con el reciclaje es: comer. Y en lo posible todos los días.
Ahora. ¿Qué sucede con aquellas otras trabajadoras y trabajadores que no laburan del reciclaje, que no juntan y venden lo que el resto tira? Exacto. Trabajan para otros.
Esta otra mitad del barrio trabaja, en su mayoría, en relación de dependencia. Algunos en blanco, muchos en negro.
PARA!!!! - me grita el desquiciado – ¿y los albañiles, carpinteros y herreros que hay en el barrio?
Lo sé, lo sé. Hay un porcentaje de trabajadores dentro del barrio que trabaja también para si mismos, y sin jefes y que también destinan sus ganancias al sustento de todos los días. Pero ¿En qué se diferencian estos trabajadores especializados de los otros que reciclan todo? Que estos albañiles, herreros, etc. dan empleo. Temporalmente. Precariamente. Pero lo dan. Y no es 50 y 50 como contaban los gurises. El que da el empleo gana lo que corresponde y más y al empleado se le paga “lo que se esta pagando la hora en todos lados”. Esa frase la escuche un montón de veces en el barrio.
Ejemplo concreto: Un albañil sea de la comunidad argentina o paraguaya de nuestro barrio engancha un trabajito: hacer una losa. Considera que para terminarlo en pocos días necesitará dos “peones”. Este albañil que vive en el barrio, en este barrio marginado, ofrece cierta cantidad de paga por cierta cantidad de horas para hacer una losa, obvio que a él le quedara muchísimo mas margen de ganancia que a los que emplea. Este albañil pobre esta reproduciendo el sistema tal cual se lo enseñaron. Y no sale a consultar si esta mal o bien lo que esta haciendo. Obvio, piensa, que esta bien. Él es el albañil oficial, el que consigue la changa, el que pide el adelanto y compra los materiales y el que paga. Por lo tanto es el jefe. Y los jefes deben ganar más. Para él, el fin determinado (de nuestra definición) es trabajar para llevar sustento a su casa y ganar algo extra, mientras que el fin determinado de los peones es ganar lo que pagan para comer y además hacer que el jefe se lleve ese “extra”.
Lo mismo le pasa a las empleadas domesticas, a los y las obreras de fábricas, a los y las oficinistas, etc, etc.
Retrocedamos entonces a nuestra definición del comienzo.
Trabajar: “Emplear el esfuerzo físico o mental para un fin determinado.”
Es importante poder realizar, entonces, dos pasos fundamentales:
1° ser conciente que trabajemos de lo que trabajemos para otro siempre le estaremos pagando esos “extras”, ese plus.
2° luego de ser conciente de lo primero generar y acompañar la lucha de aquellos que piden menos “plus” para los jefes y mejores salarios para los trabajadores.
Se que no es fácil. Pero hay que hacer el esfuerzo aunque cueste, aunque duela, de sostener la lucha por los derechos de los trabajadores hasta que logremos eliminar a los jefes. Y ahí, nuestro trabajo, dejara de ser un fin determinado para transformarse en un fin fundamental.
Maximiliano Marín
jueves, 28 de enero de 2010
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